Algo” tienen los salesianos para los jóvenes. Aquellas monjas de la caridad tenían un “don especial” para tratar con los enfermos. Las Hermanitas de los Pobres son un “regalo” para los ancianos. Ese “algo especial”, que se percibe como gracia, regalo o don, es el carisma de una Congregación religiosa.
El carisma de la Familia Pasionista se expresa en la Memoria del Crucificado. Esta memoria recuerda que no hay más dios que el Dios que se entrega al hombre; ni más hombre de verdad que el que vive y se desvive por los demás. En esta memoria el hombre se siente amado por Dios, y recupera y libera lo mejor de si mismo para la entrega: la cruz ya no irradia soledad, desesperación o noche; su última palabra es luz, apunta a un amanecer y despierta la esperanza. La historia del Crucificado-Resucitado es el aval de un cristiano, ahí nace su fe. Un no creyente puede advertir también que, cuando un hombre lleva la cruz de otro hombre, se está alumbrando ya una resurrección, y que, donde nadie lleva la cruz de nadie -por olvido, egoísmo o desinterés-, la soledad nos invade y el mundo se deshumaniza.